Maite Navas Zenarruzabeitia
Desde sus orígenes la raza humana se ha enfrentado a todo tipo de crisis: crisis sociales, crisis naturales, crisis económicas, crisis de valores, y siempre ha salido adelante. Ha reconstruido sus ciudades, sus tejidos sociales, sus sistemas inmunológicos, sus fábricas y sus escalas de valores. Salir delante, sobrevivir a esas crisis, ha supuesto siempre superación, aprendizaje e innovación. De igual manera, las entidades sociales más pequeñas, incluso las personas, hacen frente y superan sus crisis particulares, saliendo reforzadas de ellas. Debemos ver las crisis como oportunidades para la reflexión y el replanteamiento de estructuras.
En este preciso momento nos encontramos ante una crisis de magnitud global, que mantiene a todas las sociedades en jaque debido a los efectos globales y vertiginosos que está teniendo. El virus de la crisis ha infectado con rapidez todo el mundo, debido al efecto de la globalización. No sabemos cuál va a ser el alcance de la crisis que nos afecta, ni en lo temporal, ni en lo social, ni en lo económico. Lo que si sabemos es que en el futuro se estudiará en los libros de economía e historia, y nosotras y nosotros seremos los protagonistas si aceptamos el papel de ser los factores de nuestra propia recuperación.
Para desempeñar bien ese papel de factores de recuperación, primero debemos analizar de qué se ha alimentado ese virus de la crisis. Según defiende el profesor Leopoldo Abadía, el mercado financiero se ha infectado con “paquetes de porquería” que se han vendido unos bancos a otros por todo el mundo. ¿Y qué había detrás de esos “paquetes de porquería”? Lo que había era todo un modo de vida centrado en el consumo irresponsable y en una supuesta calidad de vida hedonista que primaba sólo aspectos materiales, que si bien trajo consigo que la actividad económica alcanzara niveles máximos (en diciembre de 2007 el IBEX 35 alcanzaba récodrs históricos al superar los 16.000 puntos), fue a costa de hipotecar los ingresos de las próximas décadas. Visto así parece claro que los “paquetes de porquería” no hacían sino enmascarar una realidad que no se sostenía por sí sola, es decir, que paralelamente se estaban alcanzando niveles máximos de insostenibilidad.
Por tanto ¿Se trata de una crisis meramente económica? No, y si nos limitamos a resolver sólo los problemas económicos, más temprano que tarde, volveremos a caer a niveles aún más bajos. Por tanto, es necesario un cambio radical hacia un crecimiento sostenible y humano. Si nos olvidamos del factor humano volveremos a caer en lo mismo. Para ello es importantísimo que desde los niveles más bajos del sistema, desde los capilares del sistema, se inicien políticas coordinas y consensuadas por los agentes encargados del desarrollo local en aras de conseguir un desarrollo realmente sostenible.
¿Y cuál es nuestro objetivo como factores de recuperación, superar la crisis? No nos debemos conformar con eso, debe haber un objetivo por encima de superar la crisis, que es rectificar en todo lo que nos ha llevado a estos niveles de desarrollo insostenible. Ahora que sabemos que la globalización ha extendido por todo el planeta las mismas prácticas consumistas, financieras, sociales, etc., que nos han deshumanizado sobremanera, llevándonos a esta situación de crisis, démosle la vuelta e iniciemos una globalización positiva con unos fines de cohesión social, solidaridad y cuidado del medio ambiente. Para ello debemos provocar un crecimiento sostenible y humano desde el ámbito local, y dejemos que el fenómeno de la globalización infecte con rapidez todo el mundo con el virus de la recuperación humana y sostenible.
La clave: actuar en local, pensando en global.
